15/12/13

Eurovegas V (Game Over)



Debido a mi profundo desconocimiento del idioma inglés, y también (en no menor medida) al intento de resistirme a la ola de papanatismo y colonización lingüística con la que los “emprendedores” (tenderos las más de las veces) y los “entendidos” del mundo de las finanzas nos contaminan a diario, suelo evitar las palabras y expresiones en dicha lengua.
Sin embargo, quizá porque aprendí esa expresión, junto con otras palabras (como “tilt” o “goal”), en mi adolescencia jugando a las máquinas “pinball” (también llamadas “flipper” o “Petaco”) en los billares de mi barrio, pienso que Game Over le viene al pelo al desenlace -parece que definitivo- de ese enredo, fantasioso, especulativo, cutre, mafioso y corrupto que ha sido el cuento de Eurovegas.
Parece que, finalmente, la partida ha terminado.

Los “conseguidores” dejarán de darle vueltas al asunto embaucando a posibles incautos que todavía andaban tentados de meter dinero en el “negocio”.
Dejará de engordar la lista de “arruinados” y el importe de sus respectivas (y bien merecidas) ruinas. Una buena parte los cuales pagaremos “a escote” quienes nada apostamos en ese “casino”.
Dejarán de engordar los bolsillos de los “trujimanes”, intermediarios, bancos, políticos y demás parásitos implicados en la “venta” del producto.
Deja con las vergüenzas al aire a muchos sinvergüenzas empeñados en sacar adelante el invento, tanto para asegurarse un confortable futuro económico, como para salvar su negro futuro político. (lideresa y adláteres).
Y, sobre todo (no voy a decir cuánto me alegro de que “se maten entre ellos”) porque, aunque sea a regañadientes, el impresentable de nuestro presidente de gobierno, ha tenido que decir (aunque no lo sienta, ni lo practique) que por encima de los negocios estaban “los principios” y las “leyes”
Obviamente esto último no es cierto; sino más bien una pretendida salida airosa, similar a la de la astuta zorra de la fábula, cuando vio que no podía alcanzar las uvas (“no están maduras”).
Pero, sea como fuere, el descarrilamiento del engendro es una buena noticia para este país y nosotros los ciudadanos.
Al margen de que parecía cantado que un negocio con un mafioso, aparte de moralmente impresentable, terminaría necesariamente mal, lo increíble del caso ha sido la osadía y desfachatez de determinados personajes políticos y su coro de periodistas “domésticos” ensalzando el disparate.
Y mucho más increíble (para mí) la ceguera de la lideresa (Y el Sr. González) de pensar que el Sr. Registrador iba a consentir que se le subieran a las barbas quienes hace unos años le traicionaron y en estos momentos estaban intentando echarle un pulso.
Confío en que la explosión de esta burbuja se lleve por delante la del cuento del aeropuerto de Navalcarnero; ya que si finalmente no van a llegar oleadas de “gánsteres”, evasores fiscales, piculinas y ludópatas en sus aviones privados, podemos seguirnos apañando con el aeropuerto de Barajas.
Finalmente (si es que el muerto no resucita reencarnado en algún otro esperpento) mi alegría es mucho mayor al saber que una serie de “listillos”, empresarios avispados, comisionistas y “prohombres” cuyos apellidos son impronunciables (por lo que pueda pasar) se han quedado “pillados” a causa de su avaricia por no haber sabido bajarse a tiempo del “tiovivo”.
Y dejo constancia de “mi pena” (y escozor de bolsillo) porque soy consciente de que otros muchos se han forrado el riñón y, como he dicho anteriormente, tendremos que pagar “a escote” su “buena mano para los negocios”
Porque si alguien piensa que los bancos van a perder el dinero de los créditos (para compra de “opciones de compra”) concedidos a particulares y alguna empresa más que mediana, es un ingenuo.
Y no tendría más que echarle un ojo al asunto de los aeropuertos (sin aviones) o las autovías de peaje (sin coches)
En este caso “bien está lo que bien  mal acaba.

¡Requiescat in pacem!.
Saludos.