10/2/15

Quien tenga ojos que vea, Quien tenga oídos que oiga (III)



No voy a cansar la vista de nadie con mi  manido comentario previo.
Pero a la vista de la “ola de indignación” que  observo estos días, levantada por las “trapacerías” de unos bobos que no previeron que, cuando uno se va a dedicar a meterle el dedo en el ojo al poder , le van a llover palos hasta en la foto del carnet de identidad, y además (en lugar de dar la cara y reconocer su mala actuación pasada), pretenden como ya hizo Dª Tania Sánchez, hacerse de nuevas o intentar vestir al santo, creo que vale la pena dedicarle un par de minutos a leer este artículo.
Pienso que estamos siendo unos mentecatos cuando, sin meditarlo, nos sumamos al rasgado de vestiduras y condena sumarísima de unas personas que evidentemente han obrado mal y si tienen cuentas pendientes con la administración deberán saldarlas y, además, hacer público “propósito de enmienda” de no volver a incurrir en tales conductas al menos mientras representen a alguien más que a sí mismos.
Pero meter en el mismo saco que el de la corrupción y el saqueo de dinero público, el clientelismo, y lo que habitualmente se denomina (con consentimiento de Hacienda en muchos casos) “optimización fiscal” se me antoja una estupidez y un inmenso regalo a los ladrones y corruptos  que en este momento están seriamente preocupados porque llegue gente nueva a sus despacho y “abra los cajones”.
Yo, desde luego, me niego a entrar a este trapo.
Y, de paso, a los listillos les ruego: en primer lugar un poco más de entereza para reconocer las “zurrapas” de sus propios  historiales. Y, a continuación (Y tras pagar el precio que proceda) que no vuelvan a incurrir en semejantes miserias (morales)
Saludos.