11/2/16

A D. Pedro Sánchez se le está poniendo cara de ''Presidenciable'



Venía sosteniendo un servidor de ustedes, desde la misma noche del 20 de diciembre, una vez conocidos los resultados, que la salida lógica a la situación pasaría por el apoyo a D. Pedro Sánchez en la sesión de investidura con el fin de que pudiera formar un gobierno monocolor para, a continuación desde la oposición “de izquierdas”, servirle de contrapeso cuando “escorase hacia la derecha” y, simultáneamente, servirle de apoyo cuando esa misma  derecha intentara descabalgarle.


Evidentemente en su mano quedaría, en cada ocasión, elegir con quien pactar cada medida concreta.

A esa situación quedaba relegada la izquierda por la imbecilidad (no exenta de indigencia moral y delirios de grandeza) de quienes impidieron la presentación de una única candidatura de confluencia en todo el país, desperdiciando muy probablemente la posibilidad de conseguir 20 o más escaños adicionales, que hubieran supuesto, como mínimo, una mayor autoridad moral para poder hablar con el PSOE “de igual a igual”, y -de paso- disuadirle de la tentación de la “gran coalición” con la que sueñan muchos de sus dirigentes, el Partido Popular, el IBEX y Bruselas.

Lo cierto es que en aquellos momentos no imaginé lo manierista y movedizo que iba a resultar el escenario, y que, en estos casi dos meses transcurridos, los vaivenes iban a hacer oscilar el tablero de juego en las tres direcciones del espacio.

Sin embargo, a día de hoy, parece que el horizonte del Sr. Sánchez se va despejando y sospecho que va a terminar siendo investido Presidente “en segunda convocatoria” con el voto a favor de Ciudadanos (Y quizá UP-IU) y la abstención de Podemos (En lugar de al revés, que hubiera sido lo previsible y deseable).

Y esto lo afirmo (a riesgo de equivocarme, como suelo) sin siquiera tener en cuenta los últimos sobresaltos del Partido Popular que, a poco que nos descuidemos, se va a deshacer como una fruta podrida de esas que intentas comerte desechando las partes blandas y finalmente te quedas en ayunas, con las manos sucias y un molesto y acre olor a podredumbre agrediendo a tu olfato.

Personalmente pienso que tan triste escenario es el más deseable de los posibles, porque pudiera llegar a permitir la puesta en marcha de algunas medidas de regeneración democrática, paralización del saqueo de bienes públicos y haciendas privadas (de los de abajo), recorte de derechos y -si hubiera suerte (y tiempo)- un mínimo amago de reforma de la Ley Electoral, antes de que (más bien pronto que tarde) termine descarrilando el invento y haya que volver a convocar nuevas elecciones.

La ventaja, a mi entender, es que ese periodo de tiempo podría servirnos a los ciudadanos más bobos (entre los que me incluyo) para poder calibrar “la gracia” con la que nuestros representantes electos se mueven por la pasarela y la firmeza y coherencia con las que mantienen sus promesas.

En todo caso, soy consciente de que estoy perdiendo otra buena oportunidad de estarme callado y prometo no lamentarme cuando mis amigos y allegados me lo restrieguen por las narices.


Al fin y al cabo el ser capaz de equivocarse “siempre” sin desperdiciar una sola ocasión, también tiene su mérito.

Saludos.