18/12/15

Reflexiones en víspera electoral




Aunque en esta ocasión, por mi mala organización, no he dispuesto de tiempo para fabricar ninguno de mis habituales “pseudoanálisis” y augurios (siempre errados) sobre las próximas elecciones generales,  ello no significa que no me preocupe, e  ilusione (¡Manda narices!) el asunto.

Y por supuesto no voy a desperdiciar la ocasión de volver a equivocarme en mis vaticinios que, como en el caso del ciego que “Soñaba que veía”, no suelen ser otra cosa que las ganas que tengo de ver morder el polvo a los robaperas cínicos, caraduras y ladrones que han venido utilizando “el poder” para medrar personalmente y saquear, desprestigiar y destruir las instituciones a cuyo frente les pusimos, además de hacer la puñeta a sus votantes (Y, también, a quienes no les votamos). 


Empezaré por reconocer que llego al día 20 con la tristeza de comprobar cómo –una vez más- las gentes que nos reclamamos “progresistas” (ni siquiera digo “de izquierdas”) hemos sido incapaces de ir de la mano a una contienda cuyas reglas de juego perjudican a las minorías.


Aunque sociológicamente fuéramos “mayoría” (cosa que dudo), el hecho de fragmentarnos en distintas “taifas” nos convierte en “minorías”.

Culpo sobre todo a quienes dirigen “la orquesta”. Pero también de quienes lo consentimos, no sancionado esa estúpida conducta.

En todo caso, a estas alturas, la suerte está prácticamente echada y, afortunadamente, parece que podrá entrar aire nuevo en el edificio de la Carrera de San Jerónimo (Cuya dirección postal es, curiosamente, C/ Floridablanca S/N).

Pero no sólo es que previsiblemente entrará “aire nuevo”, sino que es más que probable que esa brisa empiece a barrer el hedor de esa especie de “pocilga política” en el que la mediocridad y apego al cargo de unos desde hace muchos años y, el más reciente, cinismo, desfachatez e indecencia del partido gobernante en los últimos 4 han convertido un Parlamento en una especie de “patio del señor Monipodio” donde cada mañana “se organiza el mal vivir de la ciudad”.

Como no quiero extenderme en detalles, voy a pasar por alto las sinrazones que nos llevan a la gente de “a pie” a tener que elegir  “entre papá y mamá”  cuando lo que querríamos es verles a ambos juntos  y  rodeados de todos los “sobrinos” (EQuo, PUMJ, Recortes-Cero, Antitaurinos, . . . ).

Pero, pese a tamaña estupidez, parece que en esta ocasión podemos estar en puertas de quitarle el mango de la sartén (del gobierno) a la (extrema) derecha económica que con puño de hierro (Y el beneplácito de la parasitaria industria financiera y el oligopolio gran-empresarial europeo y patrio) lo viene empuñando desde hace muchos años.

Quiero creerme la “encuesta prohibida” del “Diari d’Andorra” que encabeza este texto.

Y, aunque reconozco que quizá sea un tanto optimista, pondré mi granito de arena para intentar materializar esos resultados (O parecidos).


Si dentro de 48 horas, cuando hagamos el “recuento de daños” los resultados se asemejan mínimamente a lo que dice ese gráfico tendremos motivo más que sobrado para festejarlo (pase lo que pase después). 

Pongo el acento en tan sólo dos cuestiones:

La primera: Es que si el Partido Popular no alcanza los 117 diputados (cosa que parece probable) no podrá bloquear ninguna propuesta que hipotéticamente contara con el respaldo del resto (Cosa que ciertamente será bastante improblable) como es el caso de la modificación de la Ley Electoral o la Constitución.

La segunda: Es que -en ese escenario- el partido Popular y Ciudadanos, incluso en obteniendo el resultado más alto de sus respectivas horquillas se quedarían en 165 diputados, muy lejos de los 179 necesarios para la mayoría absoluta que les permitiría gobernar en coalición o permitiendo alguno de ellos la investidura del otro con sus votos.

Evidentemente la posible suma de PSOE, Podemos y Unidad Popular (IU) tampoco alcanzaría dicha mayoría ni en el mejor escenario posible (se quedarían en 167 escaños); Pero por un lado ese resultado les colocaría en una buena posición para intentar una investidura del Sr. Pedro Sánchez (a quien tengo en nula estima) que le permitiría abordar (con el aliento en el cogote de la izquierda) el desmantelamiento del desmantelamiento (Valga la redundancia) perpetrado en estos 4 años por D. Mariano Rajoy y sus secuaces con la inestimable ayuda inicial del propio PSOE.

Que los dioses nos sean propicios.

Saludos.