6/12/14

La Constitución


Que nadie se asuste; No voy a extenderme mucho.  
Simplemente, mientras escucho las simplezas, tópicos, mentiras y declaraciones huecas que una buena parte de la clase política va soltando por donde pasa, pretendo añadir  un par de ellas de mi propia cosecha.
En primer lugar diré que me parece una estupidez afirmar que la Constitución no representa al 78 % de los españoles porque “no la votaron” (no pudieron hacerlo por ser menores de edad, o ni siquiera haber nacido en esa fecha).
Yo tampoco voté la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y me siento perfectamente representado por ella, aunque me gustaría ampliarla y adaptarla a la realidad tecnológica y social producida en sus 66 años de vida.
En segundo lugar, y en contra de quienes sostienen que “mejor no meneallo”, pienso que no podemos mirar para otro lado, en lo tocante a la obsolescencia (congénita en este caso) con la que nació nuestra Constitución, fruto del desequilibrio de fuerzas que respaldaban a los “padres de la constitución” que representaban, por un lado al poder imperante (y amenazante) y por el otro a una ciudadanía generosa, ingenua y esperanzada que se movía entre el miedo a una vuelta atrás y  las prisas por saber a “qué sabía” la vida “en democracia”.
Por este motivo, hoy que ya les hemos perdido el miedo a los “espadones” y que el poder más temible no son nuestros oligarcas y fascistas patrios, sino la oligarquía financiera y gran-empresarial internacional, es por lo que -aprovechando que todavía no hemos suscrito ningún tratado que nos impida hacerlo- deberíamos proceder  a una revisión seria y profunda de nuestra Constitución de 1978.
Y hacerlo tanto para reforzar y consolidar su carácter social e inclusivo, como para desatar el nudo de la Indisoluble unidad de la patria que es algo parecido a las corbatas; Que si la llevas apretada y simétricamente centrada en el cuello puede ser para algunos un agobio y si te la aflojas y desabrochas el botón superior de la camisa, resulta un alivio sin necesidad de quitártela.
Me refiero a la cuestión del “derecho a decidir” que debiéramos tener todos los pueblos, naciones, o regiones en los que razonablemente haya un consenso social que lo justifique y sin que esa “decisión” quede limitada por otra cosa que no sea la voluntad de quienes deciden.
Me gustaría que mi país no sea una jaula, sino una casa familiar en la que uno está porque quiere y aprecia al resto de los moradores.
Y me gustaría que se les abriera la puerta (por si lo desean) a nuestros buenos vecinos los portugueses.
Algunas personas me han oído fantasear con la posibilidad de llegar a ver una República Federal Ibérica.
Saludos a todos.
Como me consta que una gran mayoría de las personas no solemos tenerlos a mano, adjunto un enlace donde poder descargarlas (La vigente y, también la de 1931)
Advierto que la visualización (o descarga) de la de 1931 es un poco más lenta por restarse de imágenes “raster”
Saludos.