4/6/14

¡Larga vida a la monarquía!



No, no estoy enajenado.

Y tampoco estoy expresando un deseo personal.
Simplemente estoy constatando que, en principio, el Sr. D. Felipe de Borbón tiene muchas posibilidades de permanecer “en el cargo” bastante más tiempo del que muchos quisiéramos.
Parece evidente que, tras el “recuento de daños” de las pasadas elecciones europeas los poderes fácticos (nacionales y foráneos) han visto las orejas al lobo de la desafección ciudadana.
Dado que los dos grandes partidos (PP y PSOE) no han alcanzado ni siquiera el 50% de los votos emitidos y teniendo en cuenta que la aprobación de las Leyes Orgánicas requiere el voto de la “mayoría absoluta” del Congreso “La aprobación, modificación o derogación de las leyes orgánicas exigirá mayoría absoluta del Congreso, en una votación final sobre el conjunto del proyecto” (Art. 81.2 de la Constitución), han decidido no correr ningún riesgo y acelerar la defenestración de nuestro impresentable monarca.
Y lo hacen porque, aunque en teoría, los monarcas son poco más que unos simples pintamonas, parecidos a los Magos de Oriente de las carrozas de el Corte Inglés, a efectos prácticos son un sólido muro de contención frente a cualquier posibilidad de cambio en la estructura de poder de sus respectivos países.


Por eso no pueden arriesgarse en que en un futuro, entre los malos resultados de los dos grandes partidos, el escaqueo de los nacionalistas (me ausento, o me abstengo) los votos de los pocos republicanos confesos (IU, ERC, Podemos y Equo) y -sobre todo- la posibilidad de que algunos diputados del PSOE decidieran “votar en conciencia”  (o tuvieran cita en el médico el día de la votación) hicieran descarrilar el trámite sucesorio.
Así que, de momento, los republicanos nos podemos dar por jodidos.
D. Felipe será coronado rey de la Españas entre los vapores de incienso de unos medios de comunicación devotos (o simplemente “comprados”) y la indiferencia de la inmensa mayoría de la ciudadanía.

Porque -no nos engañemos- los que estamos -de verdad- en contra, somos muchos menos de los que creemos.


Y tampoco ayuda mucho el que, en las concentraciones y manifestaciones convocadas para pedir un referéndum, se aproveche para ciscarse en la Troika y el FMI, pedir la libertad de los detenidos y clamar por el impago de la deuda. 
Peticiones todas ellas muy respetables y legítimas (que yo también suscribo) pero cuya mezcla solo sirve para desvirtuar y hacer inefectiva (y poco atractiva) la reivindicación principal.  
Y, además, a la mayor parte del personal les preocupa mucho más el mundial de Brasil que este festejo de la sucesión.
En todo caso yo no me rindo.

Sigo pensando que es indigno que me represente un sujeto que adquirió el derecho por vía venérea y seguiré insistiendo en que “no estoy de acuerdo”.
Por otra parte coincido con el diputado Alberto Garzón en que, con un poco de suerte, los ciudadanos podamos finiquitar esta antigualla antes de lo que algunos suponen.

Vale la pena leer la entrevista.
  
Saludos.