26/3/14

Sobre el difunto D. Adolfo Suárez González



Tras haber pasado vergüenza ajena escuchando las imposturas de la inmensa mayoría de los políticos, mi personal respeto por la persona del que fue el primer presidente de gobierno democrático que conocí en mi vida, me anima a decir lo siguiente:
En primer lugar que aunque, ni cuando fue nombrado presidente de gobierno, ni mucho menos hoy, compartí (ni comparto) sus postulados ideológicos, siempre he sentido respeto por el comportamiento de ese hombre que, aun nadando y guardando la ropa, supo mantener la dignidad del cargo que representaba y mirar más allá de sus intereses personales.
Quizá esto no parezca gran cosa; Pero comparado con la indigencia moral e intelectual de una muy buena parte de nuestros políticos actuales, le sitúan muy por encima de todos -absolutamente todos- los que vinieron después de él.
En segundo lugar, y aunque no todo el mundo estará de acuerdo, tengo para mí que algunas de las decisiones políticas que más contribuyeron a posibilitar el cambio de este país vinieron de su mano.

Y pongo como ejemplo tan sólo tres de ellas: La legalización de los partidos políticos (el PCE fundamentalmente), la Reforma Fiscal y la Ley del Divorcio.
Y en tercer lugar, quiero destacar que cuando le segaron la hierba bajo los pies y le expulsaron de la vida política tuvo un comportamiento bastante digno y evitó meterse en intrigas y descalificaciones como por (mal) ejemplo ese lamentable “milhombres” que pretende ser D. José María Aznar.
Dicho esto, añado que resulta vergonzoso escuchar alabanzas de su figura y lamentos por su muerte a todos los carroñeros, empezando por el rey de España y terminando por su propio hijo Adolfo, que hicieron leña (o sacaron provecho) de su persona.

Esto es una muestra más del nivel de hipocresía y mentira en el que se desenvuelve nuestra sociedad.

Y pienso que mientras no desinfectamos esa pústula moral seguiremos siendo siervos de nuestra propia miseria.

Afortunadamente también ha habido algún comentario algo más ecuánime y decente.

De los que he leído, me quedo con este de Luis García Montero.
Saludos.