9/12/13

Tambores de guerra (electoral)



Aunque mucha gente no se haya parado a pensarlo, la “música militar” y los “tambores” (cajas de guerra, se llamaban) han tenido siempre una función que iba mucho más allá de lo puramente figurativo.
Como no entiendo mucho del asunto ahorraré al auditorio la pérdida de tiempo de tener que escuchar mis elucubraciones.
Sin embargo, no hace falta ser un lince para entender que una de las misiones fundamentales de las trompetas y los tambores era el meter el miedo en el cuerpo del ejército enemigo a base de decibelios que magnificaran el poderío de las (a veces, menguadas o inexistentes) fuerzas propias.
Ese truco, tan viejo como la historia del hombre, es el que rebautizaron los militares norteamericanos cuando la primera guerra de Irak como "doctrina de conmoción y pavor” (Shock and awe).
Bueno: Pues según se va aproximando la fecha de las próximas elecciones (las europeas) los partidos en el poder y sus periódicos “a sueldo”  (o subvención, o permanente refinanciación) han empezado a hacer sonar los “atambores” para prevenir al pueblo llano de los males que le sobrevendrán si se aparta de la “única religión verdadera”:  El bipartidismo.
Evidentemente como tontos no son, no lo dicen tan “a las claras” sino que, como quien no quiere la cosa, nos dibujan escenarios teóricos (y muy probables) tergiversando las consecuencias que pudieran derivarse de su materialización.

Uno de los ejemplos más recientes que he encontrado es este artículo del diario el País:

En él, el autor, con bastante delicadeza y aparente imparcialidad, nos advierte de la imprevisibilidad de las posibles alianzas resultantes salvo “la impensable gran coalición de populares y socialistas”
A mí, como gato escaldado por el comportamiento del PSOE en los últimos años, no me parece tan “impensable” (aunque sea vergonzosa) dicha “gran coalición”.
Y por otra parte echo en falta una visión algo menos negativa de la posibilidad de tener que gobernar pactando, asunto a asunto, con unos, o con otros.
Somos bastantes los que recordamos que esa fue la tónica de los gobiernos de la UCD (Adolfo Suárez).Y, sin menospreciar los avances posteriores que nos trajo el PSOE (que también los hubo y es de justicia reconocerlo), han quedado en mi memoria como unos tiempos felices en los que este país, con las suelas aún manchadas del lodo y la mugre de la “dictablanda”, empezó a caminar hacia unos días más luminosos, esperanzadores y fructíferos.
Y, todos -grandes y chicos- estamos en condiciones de juzgar que una de las cosas más indeseables que nos viene ocurriendo  hoy, es la capacidad de dos partidos (antes) o uno único (ahora), de utilizar la Ley y las Instituciones a su antojo, sin que podamos hacer otra cosa que ciscarnos en sus muertos y contar los días que faltan para poder echarles.
Por eso, porque se nos avecinan muchas profecías apocalípticas amenazándonos si permitimos que “todo el mundo tenga ocasión de opinar” y poder para impedir la trasposición automática de las “órdenes” de Europa (la banca y las multinacionales), es por lo que, desde la irrelevancia de mi pequeño púlpito, quiero decir que no le tengo miedo a la necesidad de que las decisiones haya que adoptarlas entre varios, negociándolas (o consensuándolas, en el lenguaje del 15-M).
Peor que lo que ahora padecemos, no será. Estoy seguro.
Saludos.