11/9/13

11 de Septiembre de 2013: 40 aniversario de una ignominia (y 12 de una ¿estúpida? masacre).



Siempre que llega esta fecha tengo absolutamente claro que lo que el ejército chileno, con la ayuda de los EEUU y siguiendo instrucciones de las multinacionales estadounidenses, representadas por los “intelectuales” de la Escuela de Chicago (que hoy manejan el mundo a su antojo), perpetró fue una ignominia de la que, aunque tarde y mal (los últimos, hace unos días, han sido los jueces) la mayor parte de los implicados, salvo sus inspiradores y autores intelectuales, se avergüenzan o piden perdón.  

 
Lo “otro”, el atentado de la torres gemelas de Nueva York hace 12 años, aunque igualmente condenable y mucho más espectacular, se queda en la categoría de “atentado”, siempre y cuando realmente haya sido “solamente” eso.

Porque, aunque en general tiendo a no creerme las teorías que alambican este tipo de acontecimientos con conspiraciones en las que intervienen desde ETA y la CIA hasta el Vaticano, si hubiera sido “algo más” (y si se hubiera inducido por parte esas mismas fuerzas e intereses que “mecieron la cuna” del Pinochetazo), entonces, también el derribo de las torres entraría en la categoría de ignominia, en lugar de ser el estúpido (y sangriento) atentado que casi todos suponemos.
Y, si hubiera sido así, quizá llegáramos a la conclusión de que sus secuelas fueron aún mayores que las del golpe de estado chileno.
En todo caso hoy quiero seguir recordando (para quienes aún conservamos el recuerdo, y también para quienes, por razón de edad, no lo vivieron) estos hechos que no fueron obra de la locura de un asesino, ni de la abyección y cobardía de sus colaboradores, consentidores y falsos indiferentes (políticos y empresarios supuestamente demócratas, iglesia y judicatura entre ellos), sino que fue parte de un “experimento social” cuidadosamente preparado y brutalmente ejecutado sobre un país y unos ciudadanos que estaban descubriendo que se podía prosperar y vivir en paz y libertad, sin arrodillarse ante nadie, ni tener miedo de nadie.
Y eso era muy, muy, peligroso.
En su memoria (la de los chilenos) escribo estas líneas y dejo un nuevo enlace con una síntesis (menos de 5 minutos de vídeo) de las primeras horas de aquella siniestra mañana.

Para quien tenga un mayor interés (y disponga de, entre una hora y media y tres horas) dejo aquí la/s película/s de Patricio Guzmán titulada/s “La Batalla de Chile” que, más que a la narración del golpe militar, dedica/n su metraje a describir y analizar el contexto social en que se gestó.


Esta película tiene una segunda parte (también de hora y media) que se puede enlazar directamente.
Y debo advertir que, aunque casi nada de lo que se cuenta resulta superfluo, los largos discursos de políticos y sindicalistas resultan en algunos casos, además de agotadores, perfectamente prescindibles para la cabal comprensión de los hechos.
Saludos.