24/7/13

La comparecencia del Presidente (O ''El Retablo de las maravillas'')



Doy por sentado que el próximo día 1º de agosto tendrá lugar (en función única) una nueva representación del “Retablo de las maravillas”.
En esta ocasión con guión adaptado (supongo) por D. Pedro Arriola, con D. Mariano Rajoy en el papel de “Chanfalla” (el narrador) y con Doña Dolores “del Cospedal” como “Chirinos” (la compañera del titiritero).
Aunque se trata de una función largamente ensayada y representada (y, también, narrada en forma de cuento) a lo largo de los tiempos, esta nueva representación tiene todos los papeles para convertirse en un clamoroso “éxito”
La historia es sólida (sólo los bastardos e impuros no serán capaces de ver las “maravillas” que nos presentará el narrador).

El actor principal es un consumado profesional en el arte de contestar a lo que no se le pregunta (a veces sin necesidad de siquiera abrir la boca)
La actriz secundaria, aunque algo más torpona, suele cumplir a la perfección su papel de pararrayos, atrayendo sobre sí las burlas del público.
Y la “crítica” habrá dispuesto de casi 5 días para componer (por anticipado) los panegíricos relativos a la “transparencia” y la “valentía”, de nuestro Presidente de Gobierno.
Quien, sin que nadie se lo pida, ha decidido comparecer públicamente ante el Parlamento el día 1º de Agosto (lástima no haber podido hacerlo antes) para dar cumplida información (sobre la imparable mejora de nuestra economía).
Y, nosotros, el público, no tendremos más remedio que aplaudir la “representación” (salvo los bastardos como yo que, por falta de pureza de sangre, no estamos capacitados para ver la grandeza del hombre que nos gobierna).
Vale: La cosa será así. Pero no pienso indignarme, ni tampoco lamentarme.
Me sumo al cien por cien a la atinada opinión de D. Rafael Reig cuya lectura sugiero.
No hace falta ser adivino, ni siquiera “despabilado”, para percatase de que, a base de hozar en el fango, algunos personajes están, cada día que pasa, literalmente más y más cubiertos de mierda.
Y las cosas terminan teniendo un límite.
Aunque el Tribunal Supremo se dedique a remendar virgos con tanta maestría como descaro.

Saludos.