5/5/14

La que se nos viene encima


Pido disculpas por lo facilón del título.
En general intento ser algo más serio y evitar los recursos publicitarios; Pero hay ocasiones en que una frase manida aúna la virtud de definir con precisión el hecho que se pretende contar, junto con el señuelo consistente en despertar la curiosidad del “respetable”.
Y esta es, creo yo, una de esas ocasiones.
Aunque algunas personas llevamos ya bastante tiempo profetizando (como pájaros de  mal agüero) la sospecha  de que el “aparato” del PSOE, consciente de que ha perdido la credibilidad ante la ciudadanía y de que su recuperación pasa necesariamente por su propia defenestración, ha decidido tirar por la calle de en medio y aliarse tras las próximas elecciones generales (dentro de 19 meses), con el Partido Popular para garantizarse mutuamente (“los aparatos”) la conservación del poder y de los sueldos, propios y los de todos los estómagos agradecidos que les sostienen, les justifican y les jalean, hasta hoy no había visto semejante opinión plasmada en "papel impreso" (virtual).
Jesús Maraña lo cuenta con profusión de datos y señalando al Sumo Sacerdote que, por encargo de unos y otros, oficia actualmente “la ceremonia”


Por afirmar esto ante mis amistades (en víspera de las elecciones alemanas) fui severamente reprendido y acusado de sectario y rencoroso.


Pero lo cierto es que cada día que pasa se le va viendo más “el cartón” al muñeco del “sentido de Estado” y el pragmatismo económico.
Es decir que, en mi opinión, salvo que los votantes socialistas tengan un ataque de lucidez que les lleve a arrancar de sus sillones y sacar de sus despachos a todos los covachuelistas que anidan en la calle Ferraz, nos veremos abocados por otros cuantos años más a seguir siendo gobernados por la Santa Compaña del mundo financiero-empresarial.
Es decir: La Troika, (EL BCE, EL FMI y la Comisión Europea) en connivencia con Alemania, EEUU y Reino Unido (entre otros), cuyas recetas llevamos ingiriendo con notables resultados (para “ellos”) desde el mismo momento en que se descubrió que “todo era mentira” (la solvencia de la banca, las agencias de “rating” y las aseguradoras) y, tras un leve momento de titubeo, descubrieron (con la ayuda de los partidos gobernantes) que podían acusarnos del desfalco a nosotros los ciudadanos “porque vivíamos por encima de nuestras posibilidades”.
Evidentemente el futuro no está escrito y pudiera ser que, hartos de tener que justificarse y mirar para otro lado, los militantes, simpatizantes y, sobre todo, los votantes del PSOE decidieran hacerse oír.
Y, lamentablemente, su único recurso frente a la bien engrasada máquina de propaganda e intereses que manejan sus dirigentes consiste en dejarles solos en mitad del campo hasta que otros Socialistas sustituyan (a todos los niveles) a los actuales "sociolistos" que, ya maduritos y con ganas de “prejubilarse” (con una buena indemnización), tienen bastante claro que otros 5 añitos en los aposentos del poder les serán suficientes para montarse un confortable plan de pensiones en alguna de las innumerables y bien engrasadas sociedades propiedad de quienes de verdad “mandan”.
Empresas que, hasta el presente, han demostrado sobradamente su generosidad y agradecimiento con quienes “lo merecen” (Carlos Solchaga, Felipe González, Elena Salgado, Javier Gómez Navarro, Guillermo de la Dehesa, Javier Solana, Josep Borrell, Luis Atienza, Miguel Boyer, Luis Carlos Croissier, Jordi Sevilla, Narcís Serra, Nicolás Redondo (hijo), Pedro Solbes, Javier de Paz, Virgilio Zapatero, . . . . . . . . . . . . . ).
En todo caso no pretendo echar leña al fuego; Porque a mí los votantes y militantes del PSOE me parecen dignos de todo respeto y ajenos a estas “componendas”, aunque colaboradores necesarios (y en la mayoría de los casos, involuntarios)
Pero lo cierto es que mis negras previsiones (y las de otros muchos) parecen ir tomando cuerpo.
El hecho de que después de semejante “espantá” el PSOE pueda quedar reducido al nivel del PSI italiano, o el Pasok griego, es algo que, a quienes hoy mandan, no parece que les preocupe demasiado. “después de mí . . ., el diluvio”.

Pero a mí, lo cierto es que me acongoja. Y me gustaría estarme equivocando.   
 Saludos.