25/4/14

Hace 40 años, un 25 de abril . . .



Aunque a muchos de nosotros nos haya pasado desapercibido, hace hoy exactamente 40 años (que en mi caso es más de media vida) andábamos a estas horas entre temerosos y exultantes, pendientes de saber hacia dónde se inclinaba el péndulo de la historia en nuestro vecino Portugal.
La madrugada anterior, a eso de las 0:20, una contraseña -tan lírica y a la vez tan simbólica como la retransmisión de una canción prohibida- en una emisora católica (Rádio Renascença)  fue la señal que (en una época en la que, a efectos prácticos, no existía la telefonía móvil) puso en marcha un silencioso movimiento de tropas y vehículos militares que tomaron las calles de Lisboa y otras ciudades y liquidaron, sin prácticamente disparar un solo tiro, la dictadura más longeva y rancia de Europa.
Los españolitos, desde el otro lado de la raya, seguíamos como podíamos la evolución de aquella “asonada” en la que, por una vez, los militares se pusieron al frente de la defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos y enfrente del poder establecido.
La historia ha sido injusta y cicatera con aquellos hombres (los militares) que, tras derribar al tirano y su aparato administrativo, supieron retirarse y entregar el poder a la sociedad civil; Pero sin su intervención es muy probable que la llegada de la democracia, tanto a Portugal, como a España, aunque inevitable,  hubiera sido más problemática.
Al igual que algunos amigos míos, no quiero dejar pasar esa fecha sin una mención a esos hombres y a ese pueblo que en estos momentos está sufriendo una dictadura aún mucho más atroz a manos de los mercados financieros y sus capataces políticos (portugueses y europeos).
Ahí quedan de nuevo estos enlaces para quien quiera dedicar 3 minutos a ese hermoso recuerdo que nos está pidiendo que, 40 años después, seamos ahora los ciudadanos civiles quienes tomemos las calles para recuperar nuestros derechos, nuestras ilusiones y nuestro futuro y echar a escobazos a los depredadores que nos malgobiernan junto con todos los políticos corruptos que les hacen el trabajo sucio.



Y termino reiterando mi personal utopía de poder vivir algún día en la República Federal Ibérica junto con nuestros amables, educados y hospitalarios vecinos, los portugueses.
Saludos