11/2/11

La perversión del lenguaje

Desde hace ya bastantes años vengo observando y, dado lo escandaloso del asunto, imagino que no soy el único, cómo, en sus declaraciones públicas, los representantes de determinados estamentos :empresarios, economistas, abogados, periodistas y políticos (entre otros muchos), no tienen empacho alguno en mentir descaradamente a quienes les escuchamos, sin que por otra parte, ni el medio que transmite la noticia, ni, lo que es aún más grave, nosotros mismos, les dejemos con la palabra en la boca o, en su defecto, les pongamos públicamente en “la picota”. Por sinvergüenzas y por tomarnos por idiotas.

Nos limitamos a rezongar y punto.



Pero luego, como borregos, seguimos opinando a partir de “la verdad oficial” en que se ha convertido la “mentira más descarada” que imaginar podamos.

Por ejemplo la invasión de Afganistán el 7 de octubre de 2001 (menos de un mes después del atentado de “las torres gemelas”) se denominó “Libertad duradera” y la 2ª invasión de Iraq  (agosto de 2003) se llamó “Libertad Iraquí” y, aunque desde el primer momento todos sospechamos cuáles eran las verdaderas intenciones, seguimos entrando al trapo de admitir y utilizar dicha denominación. 

Como consecuencia de ello, a base de repetir “el mantra”, hemos llegado a asumir que dichas invasiones tenían la finalidad de liberar a afganos o iraquíes y llevarles la libertad y la democracia en lugar de la destrucción y la miseria que es lo que realmente les dejaremos como herencia cuando ya no nos compense seguir allí tras haber amarrado los intereses de las grandes empresas que propiciaron, financiaron y ganaron ingentes cantidades de dinero en  ambas guerras. 

Quizá nos suenen los nombres de Halliburton y Blackwater, por sólo nombrar las más conocidas y que estaban participadas por miembros del gobierno invasor.

Más cercanos en el tiempo están los eufemismos de hablar de “flexibilizar el mercado laboral” cuando dicha “flexibilidad” únicamente consiste en abaratar los despidos y restringir los derechos laborales y la “reforma de las pensiones” que igualmente, casi en exclusiva, contempla el recorte de los importes y el endurecimiento de las condiciones de acceso a la jubilación.

Parece una sutileza de señorito diletante meterse en tales precisiones; pero, a mi juicio, en dicha perversión del lenguaje se encuentra el origen de una buena parte de nuestros males.

Si consentimos que un político diga “libertad” cuando realmente piensa en “destrucción”, si admitimos que se hable de “reformar” cuando se trata exclusivamente de “recortar”, si admitimos “flexibilidad” como sinónimo de “despido barato”, si permitimos ese fraude semántico, pienso que en ese momento hemos empezado a perder todas las batallas que vengan a continuación.

Es como si, en mitad de un partido, el equipo contrario se pusiera nuestra propia camiseta. Correríamos el riesgo de facilitarle todas las jugadas.

Bueno: puesto ésto que yo soy capaz de esbozar tan pesada, penosa y confusamente, Juan José Millás lo resume (con gracia y estilo) en cuatro líneas en la contraportada del diario “el País” de hoy 11 de febrero de 2011.


Si tuviste la paciencia de leer hasta aquí, el premio consiste en el enlace al artículo de Millás.


Fingimientos
 

2 comentarios:

enrique dijo...

¡Ay Pedro!
Todavía no dominas el "seguir leyendo"

dan san dijo...

enrique, mea culpa, PGG me avisó pero he tardado más de la cuenta.
Ya está cambiado