25/8/13

Una interesante reflexión y una clasificación interesante



Aunque a principios de año cancelé mi suscripción a el diario El País, mantengo la costumbre de comprarlo los domingos para poder leer a ese notable cascarrabias que es D. Javier Marías, al socio-poeta D. Manuel Vicent y a otras cuantas personas inteligentes y, a mi modesto entender, medianamente independientes.
Pues bien: En el primer repaso (tras la comida suelo hacer otro) me he topado con un artículo del sociólogo de cabecera (de El país) D. José Juan Toharia (no confundir con su hermano D. Manuel Toharia)quien, bajo el título “Por qué no se hunde España”, analiza, a mi juicio con bastante acierto, las razones por las que, pese al aluvión de corrupción, incompetencia, desvergüenza y saqueo al que estamos asistiendo, aún no están ardiendo las calles.
Viene a decir, más o menos (y en ello coincido), que, pese a la degradación de los últimos años, los españoles (y el propio Estado) aún disponemos en nuestras “despensas”  de algunas reservas morales de  las que nutrirnos.
Y, por eso, somos capaces de sobrevivir y respirar en esta asfixiante jungla en que se han convertido las sociedades “democráticas” en general y la española en particular.
Para apoyar su razonamiento ofrece una tabla de clasificación del nivel de aceptación y confianza que las distintas instituciones alcanzan entre la ciudadanía española.

Elecciones Europeas III. Eurodiputados y “Euro-veraneantes” (Faltan 304 días)


Hará cosa de algo más de un mes se publicaron reseñas sobre un par de estudios titulados:
y
en los que, aunque de un modo un modo un tanto rudimentario (y no lo digo peyorativamente), se analizaba la “actividad” de los 54 Eurodiputados españoles valorándola en base al número de intervenciones mensuales en las sesiones del parlamento.  
El segundo de ellos hace referencia a los cuatro años transcurridos de la presente legislatura y  aporta un mayor número de datos, en tanto que el primero, que se refiere únicamente al último año (de julio de 2012 a julio de 2013), es algo más parco en datos y, a la vez, más inteligible, aunque también bastante más esquemático.
Efectivamente, si uno se toma la molestia de observar con cierto detalle los datos contenidos en las tablas del segundo de ellos, puede comprobar lo complejo que resulta el hacer una valoración “justa” ya que son innumerables los factores que confluyen en la misma.
Valga como ejemplo el caso del Eurodiputado Español por IU D. Willy Meyer Pleite quien, pese a ser considerado (por su dedicación) como el 2º “mejor” Eurodiputado de los 54 españoles (el 16º de los 754 totales) parece tener un nivel de inasistencia del 33%; es decir “falta” a 1 de cada 3 sesiones.

Pequeñas cosas que ayudan a cambiar (I) ‘’El comercio de proximidad’’






Desde hace años, con mayor o menor disciplina, pero con la voluntad de no cejar en mi empeño, vengo intentando poner en práctica pequeños gestos que, según mi criterio, pueden ayudar a no empeorar demasiado el mundo en el que vivo.
A la vista de los hechos, parece claro que mi éxito es más bien escaso.
Sin embargo cada día que pasa me engolfo más en mantener esa batalla sorda contra la inercia que me impele a “hacer lo que se me manda” en materia de consumo.
Y lo cierto es que no solo disfruto con este “juego”, sino que, además, voy adquiriendo una serie de “conocimientos” que, aunque no me hacen sabio, reducen mi ignorancia y empiezan a propiciarme lo que yo creo que empieza a ser una visión “de conjunto” del maremágnum que es la economía de mercado (de consumo) y las muchas “trampas” que nos tiende sin que nos percatemos.
Son muchas las cuestiones a tener en cuenta y todas ellas importantes.
Y, como soy incapaz de ordenarlas y sistematizarlas, he decidido ir contando las que se me ocurren (y medianamente conozco por experiencia propia) por si a algún diletante le sirven de entretenimiento.
Las reglas son simples:

24/8/13

Hasta el rabo, todo es toro (II)



En contra de lo que pudiera parecer, me da la sensación de que D. Javier Fernández-Lasquetty y sus valedores (políticos, económicos y mediáticos) van a iniciar a partir de septiembre un incómodo viacrucis que, tarde o temprano, les llevará al “monte calvario” (de las calaveras) donde, confío, serán política y públicamente crucificados.
Aunque, eso sí, por el camino irán dejando un rastro de destrucción que no tendremos más remedio que reparar a nuestra costa y otro de basura y corrupción que nos veremos obligados a limpiar nosotros mismos.
Digo esto porque aún no ha terminado el mes de agosto y ya se está empezando a alborotar el “gallinero” de la privatización, con denuncias e informaciones que dejan en bastante mal lugar a la consejería y las empresas adjudicatarias.
Ahí dejo algunas de ellas, publicadas esta pasada semana, para quien quiera ir entrando en materia.  

23/8/13

Afortunadamente no fue como ''nos lo contaron''

A veces la prisas le hacen a uno perder una bonita ocasión de callarse y esta podría haber sido una de ellas.
Sin embargo no lo ha sido. Y ello por dos razones:
La primera, el poder comprobar que una inmensa mayoría de personas comparte el criterio de que la Sanidad Pública que defendemos es “de todos y para todos” (sin condicionantes).
Y la segunda, la satisfacción de saber que, una vez más, ese comportamiento mezquino y sectario de las personas que luchan por la sanidad pública no era tal, sino una intoxicación de algunos cagatintas que, interesadamente, amplificaban los gritos de media docena de personas, mientras silenciaban la voz de la mayoría.
Mantengo lo dicho ayer con respecto a quienes vinculan el derecho a la asistencia médica (publica, gratuita y de calidad) a la ideología, o el comportamiento previo, del paciente. Y, de paso, aplaudo la sensatez (sesera lo llamé ayer) de quienes mantuvieron su semanal protesta a las puertas del hospital sin pretender hacer leña de un árbol caído.
Tampoco voy a ocultar que he recibido alguna misiva de quien opina que  “Sanidad pública y universal sí. Pero restregándosela por la cara a esta panda de ladrones, que la utiliza solo cuando les interesa”.
Yo, a título personal, creo que es mejor no rebajarme a ello, aunque sepa de sobra que no debo esperar reconocimiento, ni agradecimiento.
Insisto:
La Sanidad Pública (que muchos defendemos) es “de todos y para todos” (incluidos D. Emilio Botín,  el Sr. Fernández-Lasquetty y, por supuesto,  la Sra. Cifuentes, ahora que la necesita).
Y me alegra que así sea.
Otra cosa es que, como me apostilla alguna persona bastante juiciosa “cuando se recupere, que las revisiones las haga como 28/. Y que, cuando la envíen a planta, le den el mismo tratamiento que a cualquier otro 28/. El que le prescriba el facultativo de turno. (Esperemos que no sea un lameculos)”
Eso, efectivamente, hay que reivindicarlo.
Saludos.