Creo no
exagerar si afirmo que no conozco a nadie que, en relación con el abandono del
territorio del entonces denominado Sáhara Español, no coincida, tanto en
el sentimiento de vergüenza, como en el de mala conciencia por el abandono de
sus habitantes frente a la invasión de su vecino Marruecos.
Ha llovido mucho desde entonces, pero todo el agua
caída no ha sido suficiente para lavar semejante cobardía, ni la traición a
unos ciudadanos a los que, hasta el mismo día de su abandono, les gustara o no,
les obligábamos a ser Españoles, a hablar Español, a someterse a las Leyes
Españolas y (supongo) a pagar Impuestos Españoles.
Bueno, pues el 6 de noviembre de 1975, con el
Caudillo y su régimen en fase de agonía (el primero falleció, el segundo, a lo
que parece, goza de muy buena salud), los intereses de determinadas “familias” del
franquismo sociológico y el señoritismo andaluz encabezadas por quien fue
apodado la “sonrisa del régimen” (D. José Solís Ruiz), se pusieron por montera
tanto españolismo y regalaron al rey de Marruecos, la soberanía del pueblo
Saharaui junto la dignidad de nuestro país y nuestro ejército, a cambio de unos
fosfatos y otros oscuros intereses económicos que posiblemente nunca
conoceremos.
Desde entonces los intereses de los EEUU, pese a varias
resoluciones de la ONU, se las han ingeniado para impedir cualquier
reconocimiento internacional y consolidar dicha traición.
Cuento esto porque una amiga, mía y de los
Saharauis, me manda la información que sigue a continuación por si es de mi
interés.
La leo. Y, tras consultar con alguien más “informado”
que yo quien es Amparo Sánchez (Amparanoia), me confirman que es cantante, que
es buena y que incluso tendrían interés en acudir al concierto.
Por otra parte, tras husmear en la página que
anuncia “microteatro por dinero” descubro que, del 5 al 26 de abril, por un módico
(simbólico más bien) precio, puedo asistir a cuatro representaciones cuyas
sinopsis se me antojan interesantes. Y, todo ello, en el mismo centro de Madrid.