6/9/13

Una nueva tropelía (judicial) se avecina


Y no estoy hablando de la decisión que finalmente pueda adoptar el TSJM sobre la suspensión cautelar del proceso de privatización.
Ni tampoco me preocupa la mentirijilla del Sr. consejero, afirmando que otro tribunal de lo contencioso había denegado dicha suspensión. (Para quien no acierte a entenderlo, aclaro que dicha “denegación de suspensión” era relativa a la subsanación de errores de los pliegos del concurso por la reducción de las cuantías de los avales; Y, efectivamente, eso ya es agua pasada).
Mi preocupación (grave preocupación) es tanto por el futuro profesional (y personal) del magistrado D. Marcelino Sexmero Iglesias, como -sobre todo- por la losa de silencio (judicial) con la que pretenden sellar el maloliente estercolero que es la política de desmantelamiento de la sanidad pública madrileña y la entrega de sus (apetecibles y valiosos) despojos a “la iniciativa privada”
Los hechos a los que aludo tienen todo el aspecto de reproducir anteriores, vergonzosos y obscenos episodios judiciales mediante los cuales, los fiscales, con el beneplácito (o el indisimulado apoyo) del Fiscal General del Estado, El Consejo General del Poder Judicial y algunas salas de los tribunales superiores, han impedido que se investiguen determinadas actuaciones susceptibles de poder ser consideradas delictivas.
Digo esto porque la secuencia de los hechos y el patrón de comportamiento de esa parte (poderosa) del aparato judicial en aquellos casos, se asemeja como las gotas de agua al procedimiento que en estos momentos se pretende enterrar para siempre:
1         Afecta a personajes muy poderosos (diríase que son “hijos de obispo”)

5/9/13

Una pequeña alegría (merecida)



Aunque habitualmente se me tilda de pesimista y escéptico, tengo para mí que más bien soy un iluso y un optimista irremediable.
Pero ello no obsta para que (probablemente por pereza) habitualmente me tome las cosas con mucha calma.
Y eso es lo que me pasa con el “alegrón” que, a muchos de nosotros, nos ha producido la noticia de la suspensión cautelar del proceso de privatización que el Sr. Consejero ya consideraba irremediablemente “encarrilado”.
Por supuesto yo también me alegro.
Y aunque no estoy muy seguro de que esto suponga “la puntilla” del invento, estoy convencido de que supone una carga de profundidad de consecuencias difíciles de evaluar en estos momentos, pero necesariamente graves.

4/9/13

El Consejero de Sanidad carece de sentido del humor



O, dicho de otro modo “tiene un mal perder”.
Al final va a resultar que esa caradura (de consistencia similar al “cemento armado”),  ese aplomo y ese desprecio, con los que nuestro impresentable consejero despachaba cada noticia o información “poco elogiosas” con su plan de “Sostenibilidad”, eran una mera “pose” representada desde la tranquilidad que dan: la mayoría absoluta de su partido, el apoyo de una clase empresarial (por llamarla de algún modo) depredadora y la claqué de unos periodistas y medios de comunicación (también, por llamarlos de algún modo), o ideológicamente afines, o acorralados por las deudas y, por tanto, chantajeables desde “el poder”.
Ha bastado con que un juez “de a pie” se niegue a reírle las gracias y decida pedir un “tiempo muerto” antes de que la “broma” (de la privatización) se convierta en irreversible, para que, el hasta ayer prepotente y despectivo Sr. Fernández-Lasquetty, sufra un ataque de pánico y se lance a dar coces (dialécticas) contra dicho juez.
Coincido con el Sr. Fernández-Lasquetty en que el magistrado D. Carlos Gómez Iglesias podría haberse ahorrado (por su propio bien) el tono empleado para realizar algunas consideraciones en relación con el sindiós que supone la privatización y lo gaseosos que resultan los argumentos que pretenden justificarla.

Que nadie descorche la botella (IV)



(Pero vayamos preparando los vasos).
Porque aunque estemos muy lejos de poder volver a los tiempos en que la sanidad pública era una “cuestión de estado”, si finalmente este juez (u otro cualquiera) nos da alguna pequeña alegría (del tipo de desautorizar a la Consejería de Sanidad), valdrá la pena “echar un trago” para celebrarlo Y para coger fuerzas (y, a continuación, meter otra botella en el frigorífico).
Ahí queda la noticia de que el juzgado de lo Contencioso-Administrativo Nº 4  vuelve a paralizar como ya lo hiciera anteriormente el TSJM (Tribunal Superior de Justicia de Madrid) el proceso de privatización de los 6 hospitales.
En este caso, a tenor de lo que anticipan las informaciones y a falta de poder leer el auto, parece que la cosa pudiera ir algo más en serio. Aunque a mí me quedan dudas de si los argumentos de “su señoría” (al margen de que me suenen a “música celestial”) son los propios de un proceso Contencioso.
Pero yo no soy juez, ni entiendo de leyes y, cómo suele decirse “doctores tiene la iglesia”.
De todos modos conviene ser prudentes y esperar a ver qué resulta porque efectivamente “hasta el rabo, todo es toro” (para unos, y para nosotros).
Saludos.

Los cadáveres terminarán por salir del armario



Desde finales de agosto prácticamente no pasa un día sin tener noticia de algún nuevo despropósito (o infamia) achacable a la “externalización” de la sanidad  pública.
El último, de hace un par de días (aunque no conservo el enlace), fue la noticia de que a una paciente  (de 51 años) trasplantada de corazón hace un par de años, se le deniegan tanto los medicamentos inmunosupresores, como las revisiones médicas (despropósito: después de haberle operado) por haber perdido el derecho a la tarjeta sanitaria (infamia: por estar jugando con la vida de una persona).
Pero no es a eso a lo que voy a referirme, sino a la mugre que empieza a aflorar (la mierda, en general, flota) alrededor de algunas de las concesionarias de la asistencia sanitaria.