O,
dicho de otro modo “tiene un mal perder”.
Al
final va a resultar que esa caradura (de consistencia similar al “cemento armado”),
ese aplomo y ese desprecio, con los que
nuestro impresentable consejero despachaba cada noticia o información “poco
elogiosas” con su plan de “Sostenibilidad”, eran una mera “pose” representada
desde la tranquilidad que dan: la mayoría absoluta de su partido, el apoyo de
una clase empresarial (por llamarla de algún modo) depredadora y la claqué de
unos periodistas y medios de comunicación (también, por llamarlos de algún
modo), o ideológicamente afines, o acorralados por las deudas y, por tanto,
chantajeables desde “el poder”.
Ha
bastado con que un juez “de a pie” se niegue a reírle las gracias y decida
pedir un “tiempo muerto” antes de que la “broma” (de la privatización) se
convierta en irreversible, para que, el hasta ayer prepotente y despectivo Sr.
Fernández-Lasquetty, sufra un ataque de pánico y se lance a dar coces (dialécticas)
contra dicho juez.
Coincido
con el Sr. Fernández-Lasquetty en que el magistrado D. Carlos Gómez Iglesias
podría haberse ahorrado (por su propio bien) el tono empleado para realizar algunas
consideraciones en relación con el sindiós que supone la privatización y lo
gaseosos que resultan los argumentos que pretenden justificarla.

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