Una
vez más los catalanes, es decir el pueblo catalán (porque está claro que tienen
conciencia de identidad propia) nos han dado una lección de ciudadanía al resto
de los españoles.
Y,
un vez más también, lo han hecho pese a las malas artes, el oportunismo, las
amenazas y la masiva publicidad (disfrazada de “información” o “análisis) con la que se ha intentado
ensuciar, enfatizar, ningunear y minimizar el deseo de una buena parte de los
catalanes (probablemente la inmensa mayoría) de ser escuchados y, sobre todo, respetados.
No
creo que sea necesario insistir en mi escaso aprecio por los nacionalismos (el
español incluido).
Ni
tampoco en la pésima opinión que tengo de los dirigentes de ese partido llamado
Conveniencia y Unió que, a mi juicio, es fundamentalmente es una “maquinaria de
poder” al servicio personal de la burguesía ilustrada (y cleptómana) catalana.




