21/10/13

Marea Blanca, cumplimos un año



Y, aunque algunos estamos mareados con tanta marea, lo cierto es que a “otros”, les está empezando a llegar el agua, si no al cuello, sí a las pantorrillas.
Y, en esas condiciones, esos atildados personajes, con corbatas de seda, y exquisitos trajes de lino y lana (según estación) y manos en los bolsillos (ajenos) resultan mucho menos presentables y temibles con los zapatos empapados y los bajos del pantalón chorreando.
Por eso, aunque aparentemente aún no hemos conseguido casi ningún objetivo, aunque siguen haciendo trampas para retorcer las decisiones (provisionales aun) de los jueces y los tribunales, somos muchos los que, hartos ya de tanta “Marea Blanca”, volveremos el próximo domingo a hacer bulto en la enésima Marea Blanca.


Allí nos veremos muchos de los que no nos apeamos de la convicción de que “La salud en un derecho” y de que hay que defender la Sanidad Pública, gestionada públicamente.
Los que, ingenuos de nosotros, seguimos pensando que “Otro mundo es posible” (si nos lo ganamos con nuestro comportamiento y nuestro esfuerzo).
Hasta el domingo.
Saludos.

20/10/13

Cuento de navidad (electoral)

Serán pocas las personas que no hayan visto la película ¡Qué bello es vivir!. dirigida por Frank Capra en 1946 y protagonizada por James Stewart.
Y esa ha sido la imagen que me ha venido a la mente tras leer el texto de Luis García Montero que publica hoy Infolibre.
Tiene el mismo sabor a “buenismo” y “final feliz”.
Y, al igual que la película, nos alegra incluso a quienes “nos las damos” de escépticos y realistas.
Sin embargo no veo razón alguna para no esperar que, tal vez, a estas alturas, los ciudadanos ya estemos empezando a sacar algunas conclusiones sobre ese atraco que llamaron “crisis”.
“Crisis” que  no era más que la osadía y la desfachatez de unos ladrones (el mundo de las finanzas y las grandes empresas transnacionales) que, cuando vieron que nadie les iba a llevar a la cárcel (ni a la quiebra) por haber volatilizado los ahorros de los ciudadanos convirtiéndolos en “papelitos” que valían menos que el propio papel en el que estaba impresos, decidieron que era el momento de dar un paso más y obligarnos a todos a pagar "su" desastre.

13/10/13

Ofensiva antisindical



Algo grave teme el gobierno en los próximos días para tener necesidad de forzar tanto el funcionamiento de la máquina de humo.
En este caso dirigiéndola a pleno rendimiento contra los sindicatos. En unos casos presentando como novedades asuntos bastante viejos: “Lo que los sindicatos deben aclarar” (El Economista 12-X-2013).
O incluso llamando al motín (por si cuela) dentro de uno de los grandes sindicatos: ¿Por qué no cesan a Cándido Méndez? (Amador G. Ayora, El Economista, 12-X-2013)
Y todo esto en un mismo día y sin salir de un único diario.
Supongo que está a punto de producirse alguna desagradable novedad judicial en los casos Blesa, Balears, Urdangarín, Gürtel o Bárcenas (que, en esencia, es el mismo) y la prensa afín necesita una copiosa ración de carnaza para sus portadas y telediarios con la que tapar las vergüenzas del partido que les paga y al que se deben.

12/10/13

¡Valiente pendejo!



No me considero demasiado proclive al insulto o descalificación de casi nadie por muy poco que me gusten sus opiniones.
Pero lo cierto es que la expresión “valiente pendejo” es la que me vino a los labios cuando leí el titular.
Y cuando terminé de leer la información me ratifiqué en lo dicho.

El Sr. Pissarides (Cristóbal Antoníu Pissarides), grecochipriota de nacimiento, economista de profesión, neoliberal de vocación (supongo) y premio Nobel de economía en 2010, no es precisamente un lego que desconozca el funcionamiento del “mercado” de trabajo.
Lo que pasa es que él (y otros muchos) lo ve exactamente como eso: únicamente un “mercado” en el que la mercancía se compra y se vende.
Y le trae al fresco el que dicha mercancía sea el pellejo de seres humanos que, en lugar de ser objeto de compraventa en función de las fluctuaciones de la oferta y la demanda, debieran ser sujetos de derechos, cuya garantía tendría que estar por encima de toda consideración; ya que la única misión del Estado es el velar por el bienestar y los derechos de los ciudadanos que lo conforman.
Y así este buen señor, en lugar de proponer que se unifiquen los tipos de contrato “al alza” para igualarlos a los que garantizan el respeto a los derechos laborales (que, dicho sea de paso, permitieron 60 años de creación de riqueza y disminución de desigualdades), propone rebajarlos al nivel de los más precarios.
Y ello con el agravante (y la incoherencia) de que, a la vez,  reconoce que, si no hay poder adquisitivo, tampoco habrá consumo que pueda incentivar la economía.
Y lo más  sangrante es que (convencido estoy) este sujeto que predica la supresión de los derechos y la rebaja de sueldos, seguramente ganará en 15 días lo que el común de los mortales no juntamos en un año de trabajo.
Y, además, este individuo, que predica la rebaja (o eliminación) de las indemnizaciones por despido, tendrá seguramente un “blindaje” en su contrato (o contratos) con cuyo importe usted o yo posiblemente podríamos retirarnos definitivamente a la “vida contemplativa”
A sí que, lo dicho: ¡Valiente pendejo!     
Saludos.