Evidentemente no será el fin del mundo.
Ni, tampoco, nos pueden arrebatar nuestra dignidad a
quienes nos hemos opuesto (como buenamente hemos podido y sabido) a semejante
dejación de soberanía (moral).
Pero (al menos para mí), lo cierto es que hoy, en nuestro
Parlamento, ha tenido lugar una de las más vergonzosas actuaciones que recuerdo,
por no decir la más vergonzosa de todas.
Al fin y al cabo, el 23 de febrero de 1981, cuando
un botarate irrumpió disfrazado de guardia civil en el hemiciclo, aunque puso
de rodillas a los parlamentarios, no logró poner de rodillas nuestra dignidad.
Y no lo digo por la actitud de los ciudadanos D. Manuel
Gutiérrez Mellado, D. Adolfo Suárez González y D. Santiago Carrillo Solares,
que se negaron a arrodillarse, sino porque, en cualquier caso, arrodillados o
no, todos los que allí estaban mantuvieron su dignidad y, una vez les fue retirada la pistola de la
nuca, ejercieron como lo que eran: “representantes de los ciudadanos” y
salvaron la de todos nosotros .
Hoy, sin embargo, 316 parlamentarios han votado a favor
de modificar la Constitución Española para incluir una exigencia de algo que
llamamos “los mercados”, que no tiene nombre ni domicilio fijo y que, al
parecer, son los causantes directos del sinvivir en el que malvivimos en los
últimos tiempos.
Nada tendría que reprocharles si su decisión ha sido
tomada “en conciencia” aunque yo piense que se equivocan. Al fin y al cabo les
pusimos para “legislar”, aunque a algunos no nos guste como legislan.
Pero una vez leído (y releído) el texto aprobado, dice
literalmente en el apartado 3 de la disposición adicional única que “Los límites del déficit estructural establecidos en el 135.2 de la
Constitución Española entrarán en vigor a partir de 2020”
¡Coño!, tampoco había tanta prisa.