Digo esto, porque aprecio en mi entorno una cierta división de opiniones entre los que consideran que el tan traído y llevado acuerdo social representa un “éxito” ya que servirá para evitar “males mayores” y los que, como yo mismo, pensamos que: vale, que quizá, la manifiesta debilidad de los sindicatos y el “pasotismo” de la ciudadanía, cuya única respuesta consiste en proferir improperios contra todo aquello que “se mueve”, mientras degustamos animadamente el café de “media mañana, nos obliga a ser coherentes y asumir nuestra impotencia. Hasta ahí, de acuerdo.
Pero, a estos últimos, no se nos puede pedir que, además, cerremos los ojos a la cruda realidad, ni, mucho menos, que aplaudamos nuestra propia crucifixión, por mucho que al gobierno y los partidos que le respaldan así les convenga en este momento y nos amedrenten con la llegada del Partido Popular.
Por esta razón, y aunque con independencia de mis propias preferencias políticas intento, dentro de lo posible, evitar la “propaganda partidaria”, me parece oportuno transcribir el planteamiento que con respecto al asunto de las pensiones aprobará previsiblemente la única “fuerza (ciertamente escasa) parlamentaria” que finalmente se opondrá al recorte (otra cosa no es) de las pensiones; dado que todos los demás, incluido el Partido Popular, bendecirán este nuevo diezmo que los ciudadanos con menor poder adquisitivo habrán de ofrecer para calmar la ira de “los mercados”, garantizar los pagos a la banca extranjera y costear los extravagantes y obscenos sueldos y “planes de pensiones” de los banqueros y altos ejecutivos de las grandes empresas.