24/5/13

Maestro Millás (VI)


Nada que añadir.
El diario El País es cada día un poco menos apetecible.
Juan José Millás sigue siendo el mismo (o, quizá, se supera).


Saludos.

(des)Gracias y desgracias de la ''Externalización sanitaria'' (IV)



Nuevamente podríamos alegrarnos si no fuera porque la condena económica no le devolverá la salud (la vida en este caso) a Pilar Lucas Vaquero (50 años) ni disipará la sospecha de sus familiares de que, sin la aplicación de los criterios contenidos en el “Plan de Medidas de Garantía de la Sostenibilidad del Sistema Sanitario Público de la Comunidad de Madrid”, tal vez Pilar hubiera podido evitar, o al menos aplazar, su muerte.
Ahí queda la noticia para general conocimiento, para vergüenza de los irresponsables-responsables que anteponen supuestos ahorros al derecho a la salud de las personas y, sobre todo, como motivo de meditación para los estúpidos biempensantes que, a estas alturas, aún pretenden minimizar la gravedad del saqueo al que están sometiendo a la Sanidad Pública, con alusiones a la necesidad de mejorar la “gestión”
Esta nueva “desgracia” tiene su origen únicamente en esa supuesta “mejora de la gestión” y, junto con Capio (al margen de la indemnización) alguien más debiera asumir responsabilidades.
Y como no lo harán, nosotros los ciudadanos, con independencia de nuestras preferencias ideológicas, debiéramos tomar buena nota de quienes están detrás de todo este despropósito (y saqueo manifiesto) para, si no somos capaces de sacarles a escobazos ahora, pasarles la factura (con nuestro voto) tan pronto cuando tengamos ocasión.
Algunas cuestiones debieran quedar por encima de nuestras filias y fobias.
Y el derecho a la salud es, en mi opinión una de ellas.   
Saludos. 

23/5/13

Desconectando las máquinas de niebla XX (Bangladesh no es un país pobre)


Que nadie vaya a pensar que “he descubierto el mediterráneo y sus aledaños”.
Un servidor es tan ignorante como (con perdón) sus lectores (y, a veces, amigos); Y se limita a transcribir lo que una persona tan autorizada como el profesor Vicenç Navarro ha publicado hoy en Público (valga la rebuznancia).
Aunque tras leerlo pienso que quizá debiera haberlo sospechado, lo cierto es que (como le pasará a mucha gente) no se me había ocurrido pensar que, tal vez, la miseria de Bangladesh, como la de Haití, Guinea Ecuatorial y tantos otros países, no es tal y realmente son países “ricos”.
Los miserables son sus ciudadanos (si tal calificativo puede aplicársele a quien carece de los derechos más elementales) o mejor dicho los infelices seres humanos que tienen la desgracia de haber nacido y malvivir en semejantes campos de exterminio (de la dignidad, de los derechos y, también, de la mera existencia).
Pese a su relativa extensión (1.690 palabras) en mi opinión merece la pena leerlo de principio a fin.

A mí, de mayor, me gustaría ser como él



Tanto pendejo suelto disfrutando de larga vida y,  mira por donde, un entrañable ser humano, cabal, honesto, entrañable y solidario va y tiene la ocurrencia de morirse a la temprana edad de 79 años.
Aunque dicen que nació en Alejandría y que no se llamaba Georges, sino Giuseppe (Iosif en griego, Youssef  en egipcio, Joseph en francés1 ) era, sobre todo y por voluntad propia, un ciudadano del mundo.
No sé lo que sentirán otras gentes, pero yo aprendí (y aún no he olvidado) las letras de todas las canciones de su álbum (“lp” les llamábamos entonces) Le Métèque y, desde entonces, su persona, sus canciones y también sus musiquillas (como Rues Des Fosses Saint-Jacques, o Natalia) han sido para mí un referente o un refugio en mi discurrir por esta vida.
Lo dicho: A mí, cuando sea mayor, me gustaría ser como él.
Saludos. 

22/5/13

Gracias y desgracias de la ''Externalización sanitaria'' (III)


La noticia de hoy sería reconfortante si no fuera porque está escrita con sangre.


La sangre del ciudadano senegalés Alpha Pam (28 años) que murió el pasado día 21 de abril tras ser reiteradamente desatendido por el Estado español, la Generalitat balear, el hospital de Inca, su gerente y los médicos y personal sanitario quienes, pese a conocer la gravedad de su estado, no le atendieron, simplemente porque no tenía tarjeta sanitaria, ni tampoco podía pagarse una simple radiografía.
Entre todos le matamos.