30/8/11

Sin referéndum, no les votes


Llevaba, desde el momento en que tuve conocimiento de la nueva “ocurrencia” (o algo peor) de nuestro cada vez más patético e irresponsable presidente de gobierno, buscando un modo de hacer entender a mis amigos y conocidos que, incluso estando de acuerdo (que yo no lo estoy), con el planteamiento que subyace en la reforma constitucional que pretenden aprobar a nuestras espaldas, es impresentable (e imperdonable) el hurtar a los ciudadanos, tú, yo y el otro, la posibilidad de expresar su acuerdo o desacuerdo al respecto.

Y más aún cuando la “bendita” modificación no va a entrar en vigor hasta, como poco, el año 2018.
Hoy en la página de Attac he encontrado no tanto un razonamiento, que también, sino sobre todo, una consigna. 


Y eso es lo que propongo, a los que estamos en desacuerdo con la propuesta y también a los que estén de acuerdo.

Nuestra dignidad de ciudadanos no debe admitir, ni dejar sin sanción, ese desprecio a nuestro derecho a decidir, o, al menos, a expresar nuestra voluntad en un asunto que nos concierne tanto desde el punto de vista moral como desde el material.

Por eso llamo “a tirios y troyanos” a conjurarnos para no votar a ningún partido que no exija expresamente en el Parlamento la celebración de un referéndum para aprobar o rechazar la inclusión de una clausula mercantil en un texto que únicamente debiera hablar de principios morales, derechos y obligaciones (ciudadanas).

Comprendo que eso es duro, y algunos dirán que, como la derecha no “vota”, sino que “ficha”, es darles ventaja.

29/8/11

El fondo de la cuestión. (nuevo intento de estafa política)


Como en 2004 les falló el “truco legislativo” de camuflar lo que no era más que un catálogo de recetas neoliberales dentro del Tratado Constitucional Europeo (se opusieron Francia y los Países Bajos), han decidido aprovechar el momento de desbarajuste y pánico económico que esas mismas recetas neoliberales han generado (la doctrina del Shock), para completar la estafa intentando nuevamente la jugada.

Esta vez a nivel de las propias constituciones de cada país, con el fin de poner los últimos clavos en el ataúd de los derechos ciudadanos.
Aún recuerdo los rapapolvos recibidos de mis amigos (progresistas y supuestamente bien informados), cuando confesé que pensaba votar en contra en el referéndum que se celebró en 20 de febrero de 2005 en el que, con una abstención del 57,67 %, se ratificó aquel engendro, llamado Tratado Constitucional Europeo, que afortunadamente no llegó a entrar en vigor gracias a la lucidez de nuestros vecinos franceses que, una vez más, (ya lo hicieron en los años 80 con el Acuerdo Multilateral de Inversiones), bloquearon su aprobación rechazándolo en su propio referéndum (54,87 % votos en contra).
Bueno: pues aunque finalmente nos colaron ese “gol” por la puerta falsa del Tratado de Lisboa (13 de diciembre de 2007), ya sin consultas populares ni esas zarandajas, dado que había quedado acreditado que los ciudadanos no sabemos votar lo que (a “ellos”) conviene, vuelven a la carga para que seamos los propios ciudadanos los que firmemos nuestra propia sentencia de esclavitud perpetua al “dios de los mercados”.
Esa y no otra es la razón oculta de tantas prisas por aprobar algo que no se pondrá en funcionamiento hasta por lo menos el año 2018 (o quizá más tarde).

26/8/11

Eso ha sido. Exactamente eso.

En cuatro párrafos, Manuel Rico, acaba de hacer la caricatura de la caricatura (y valga la rebuznancia) del “trascendental acuerdo” alcanzado por quienes nos gobiernan y pretenden seguir gobernándonos (los dioses, no lo quieran. Y los ciudadanos lo evitemos).
Dada su brevedad es casi de “obligada lectura” y, luego, que cada quien opine como le plazca.
Buen fin de semana.

23/8/11

¡Basta ya!, Señor Zapatero

Amanecen hoy los diarios con la noticia de que usted, el Secretario General de un Partido que afirma ser Socialista, Obrero y Español, pretende poner en bandeja a la derecha económica una baza que, aunque la vienen reclamando desde hace años, no esperaban obtener ni en sus mejores sueños.
O sea: que los Estados, que representan a la ciudadanía, que tienen capacidad de fabricar dinero (individualmente como EEUU, o en conjunto como la UEM), que tienen capacidad normativa para crear modificar o suprimir impuestos, que, en suma, por ser teóricamente representantes de la voluntad popular, debieran tener “la sartén por el mango”, según su propuesta a la que ya se adhieren jubilosamente el Partido Popular y “Conveniencia” y Unió, no podrán a partir de ahora incurrir en déficit presupuestario.
Y todo ello, según usted y quienes le teledirigen, para garantizar la solvencia del “sistema económico”.
Sin embargo, los bancos, las aseguradoras, los fondos de inversión y determinados particulares pueden perfectamente realizar “apuestas” (inversiones lo llaman), contraer deudas, y compromisos de pago o reembolso por importes diez, cien, o tal vez quinientas, veces superiores al capital que les respalda sin que a nadie se le descoloque el “flequillo”.

Ni Mou ni Guardiola II



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