Tropiezo
esta mañana en “el Público” con el acostumbrado artículo de Luis
García Montero, que habitualmente suelo leer con el interés que merecen las
opiniones bien argumentadas, incisivas, sugerentes, desinteresadas (por
honestas) y, además, bien escritas.
Pues
bien, la de este domingo titulada “El oficio de contar las cosas” vuelve a ser
una ocasión de gozar con un breve instante de lectura y, sobre todo, de
meditar sobre el (posiblemente) peor de los robos que hemos sufrido, en general sin
percatarnos. Y, en muchos casos, cuando nos hemos percatado, sin valorar el
alcance de dicho expolio.
No
están robado “la palabra” y ya no podremos cantar aquel poema de León Felipe
(poeta, pobre, viejo y feo, decían en el disco de Aguaviva) que decía:
